No hubo mensajes directos y solo tuve que bailar. Vinieron las reflexiones semanales. Eso suele pasar cuando uno sale un par de horas de la ciudad. Meditaba mientras los ex junkies contaban sus lecciones. Lo mejor que pudieron decir es que no hay que trabajar tanto, reservarse para otros asuntos. Uno hace cajones. Un carpintero que se toma su tiempo. Parece que ahora disfruta. El otro luce más apurado, pero es uno de esos connobleza.
Me gusta el lugar escogido para esconderme y que ahora es el punto de partida de todo. De vuelta en la ciudad hay soul music, un corredor lleno de mesas, brindis por cinco minutos. Merece una fiesta en casa.
Las mezclas comienzan a rugir. Me han pedido rugir. Sting el domingo en Shelter. Arriba de la cama antes de las ocho de la mañana.
