Una hora antes había mentido sobre la posibilidad de mirar un espejo cada vez que encuentre uno. En la calle no pude evitar hacerlo. Tampoco anoche en el metro —y para vergüenza unos turistas me vieron—. Es que están bonitos. Burgandy, gold, yellow and white. No veo la hora de sacarlos y bailar con ellos. Bailaré mejor.
Lo que si no veo es mi cara. Para eso las fotos o mirar a otros. A Kurt fumándose su cigarrillo mientras le compro libros. Ojo a esta paradoja de mi vida: decidí dejar de coleccionar libros, pero cuando compro lo hago en la libreria de un coleccionista. Me llevé tres. Uno sobre dioses juguetones, mis guardianes. Los otros de historias cortas. Sigo sin poder leer en español y pues no puedo hacer nada al respecto. Será hasta que encuentre el libro como dijo la costurera.
Y escribir en uno y leer en otro tiene que estar a mi favor.
