Los días helados son la reedición de cada uno de los peores días. Apenas para reirse. Ni modo de evitarlos cuando la familia no tuvo privilegios y solo inculcó el valor del trabajo. Enseñó a sacar lomo. Uno que se cubre con cualquier cantidad de ropa. Ridículo completo. Esfuerzos desesperados por combinar los colores. Y la moda. Un año fueron los abrigos y al siguiente las bufandas. Los gorritos. Los sweters. Últimamente los hoodies. El consuelo de la piel bella, el pelo liso. Como si uno quisiera conservarse a los 25 años. Las cuadras son más largas y el ridículo en cada vitrina. Perfecto para industrializar. Sin baile, la única diversión es crear un estado mental —previo a lo virtual— y propagar lo que deja esa aflicción. Puro egoismo.
La fantasía es el momento blanco y es lo mejor que puede pasar. En lo estético viene la reconciliación. Me acuerdo de la costurera y sus valores. Tiene razón. Tengo que decirle que es ahí cuando nace el House Music. Salen las mejores líneas y se vive el mejor amor. Se toma el mejor café. Hay juego. Como aprendiendo a caminar. Pura oportunidad.
