Lago Michigan que haces valioso un viaje absurdo. Lago Michigan que limpiaste el trabajo sucio. Déjame llegar a tus entrañas, sentir tu calor y oler tus fragancias.
Salto al Lago Michigan cuando se pierde el último jogger.
Evanston está embrujado. Los fantasmas asoman por las ventanas, leen bajo los árboles, pasean sus perros friolentos.
"¿Qué haces en Evaston?", pregunta una viuda que sale de la casa rosa con jardín de rosas.
"Contemplo Chicago. Espero una llamada".
"Chicago no existe en Evaston".
"Pero mira el skyline, la torre Sears...mira, allá está Chicago".
"Chicago no existe. Lo supones, lo añoras. Nadie de Evaston ha ido a Chicago en 50 años".
Oliver y Abi comen hamburguesas y juegan con los perros de dos chicas. Todos en Evaston tiene un perro. Un pescador gordo se acerca con un doberman.
"Toma tu perro, se llama Bruno".
"Lo siento, tengo que irme".
"Toma tu perro".
Oliver y Abi doblan en la esquina de la casa azul con jardín de jazmines con sus perros. Les había dicho que no olieran el jazmín porque era mirto. El pescador gordo se lleva nuestro carro. El skyline de Chicago se desvanece. La viuda llora a mi lado.
Lago Michigan déjame llegar a tus entrañas, sentir tu calor y oler tus fragancias.
Salto al Lago Michigan cuando se pierde el último jogger.
