Como a cualquier otro, repudio las filas. Las peores son las que uno tiene que anticipar aunque la de las 718 Sessions de Danny Krivit valen la pena: uno llega una hora antes de que abran para estar entre los 100 primeros y solo pagar $5. Con las detestables he aprendido a relajarme observando a los furiosos. La oficina de correo de mi casa está llena de estos y con justa razón: abren a las ocho pero solo hasta las diez abren la ventanilla para reclamar los paquetes que negligentemente no dejan en casa.
El martes llegué quince minutos antes de las diez. Fui el sexto en llegar. La séptima persona, una mujer de India, profesora del CUNY, abrió el debate : "It doesn't makes sense". Es que la mayoría trabajamos nine to five, para venir a las diez tenemos que avisar en el trabajo o venir los sábados, "But what if you work on Saturdays", dijo la quinta persona, un gordito con un carro de mercado y varias capas de ropa, que solo esperaba que prendieran la mecha.
Pero la profesora es profesora y no agitadora. Sociologa. Lleva grabada una lección de participación ciudadana. "They have suggestions forms, If we all fill those may be they'll do something".
"I've tried everything, I've been there and nothing happens, a waste of time."
"Well, at least you try".
Cortado el pesimismo del gordito con carro mercado, la profesora siguió conmigo su conversación de cómo hacer una diferencia. Hubo flashes en que botamos datos de nuestras vidas, repasamos los valores del periodismo estadounidense, y concluimos que la economía de plantación todavía existe en Estados Unidos, hasta en la academia...oh, y mencionó que los políticos son marcas "compra Obama, tu vida será mejor". Lo será. Caminamos hasta la estación.
Ahora lo espiritual. Esta mujer salió sin paquete de la oficina, pero pidió el suggestion form. Hace días que me pica reemplazar mi Recipes for Disaster y la visita de la Tati siempre trae algo de vida alternativa y real. La profesora estaba en la línea para recordame lo que creo, y que mis tres macdonalazos de este año fueron muchos. El Egun marxista que me acompaña.
Agradezco su aparición. Nada como respirar concientemente. El cuadro se cuadró: mi compañero de podcast me llama decepcionado por los comentarios de los lectores de eltiempo.com a un artículo sobre Obama; el japonesito me habla de un artículo de los viajes de la hija de Sarah Palin con dinero público; y la jefe y un co-worker comentan lo revolucionario que ha sido que casi todo el dinero de la campaña de Obama son donaciones individuales.
Llenaré mi suggestion form, dejaré unos centavos para Obama, leeré los titulares de Democracy Now, recuperaré mi Recipes for Disaster, almorzaré en casa de doña Rita.
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Ayer en la oficina habían unos policías. Son tan escandalosos como la sangre.
