Ahora, de repente, siento ganas de español al punto de querer hacerle un tributo. Pero no encuentro mucho para hacerlo. Tampoco tengo el mood, ni el vocabulario. Es la consecuencia de 25 días intensos de creación en español, suficientes para plantear un regreso. Ojo, sólo es un plan. Don't panic. Son buenas noticias más que otra cosa. Un asunto de conexión. También una manera de agradecerle al idioma sus servicios aunque intente seguir el consejo de Burroughs de prescindir de la gratitud. El reencuentro tiene su climax. Encontrar el Atlas de Borges que dejé en la casa de mi mamá hace siete años. Un libro de viajes que aguantó cinco trasteos y una temporada en el sur de Atlanta. Más que nada aguantó ser olvidado. Libro adquirido en la...¿Javeriana? Hubo éxito cuando se le leyó recién comprado. Luego se perdió entre la euforia y la decepción, hasta quedar rodeado de esoterismo y novelas de viejos reyes y reinas de Europa. Borges también fue ñoño y escribió un libro con la novia. En realidad nada es ñoño.
No siendo más. Ya veremos.
