Las películas de Almodovar son como los frijoles: me han criado con ellas y las comeré cada vez que estén a la mano. Más si la receta es familiar. "Los abrazos rotos" no será "La ley del deseo" o "Todo sobre mi madre" pero ahí está el sabor que gusta.
En "Los abrazos rotos" hay diferentes maneras de perderse. Las fotos pueden verse como si estuvieran en una exhibición. Una por una, y respirando. El tributo a los idilios de amor del cine -Wikipedia llama específicamente a "Viaggio in Italia" de Rossellini--se completa con esa última caminada de Lena y Mateo abrazados por un sendero verde en la costa que fue su escape. Y el beso en el carro. Bien dicen que las películas hay que verlas desde el cartel y el título.
Más lo que divierte. El sketch de un absurdo guión de vampiros impulsa y relaja. Lo mismo que la película dentro de la película. El diálogo es calculado para sentirlo vacío. Un metamelodrama que destaca la actuación. De hecho su alter ego trabaja a los actores con intensidad. Imagino a Almodovar diciendo "como telenovela, como telenovela". Por eso cada película desvela un actor, en este caso Rubén Ochandiano como Ray X. Que creepy.
