El crack paraguayo Salvador Cabañas recibió un tiro en la cabeza en el baño de una discoteca. Sobrevivió, pero la bala quedará en su cráneo. "No hay pronóstico ni secuelas ni idea de lo pueda venir", dicen los médicos. Esa bala es una metáfora de nuestros tiempos. Desde hace mucho vivimos con una bala en el cuerpo. Somos víctimas y sospechosos. Los detectores de metales lo prueban: aparentemente fueron hechos para nuestra seguridad, pero los usan para revisarnos. Nuestro mundo tampoco tiene un pronóstico. Creemos que habrá (hay) secuelas por lo que ha pasado. Graves. No tenemos idea de lo que pueda venir. Como en el caso de Cabañas, hay esperanza: somos fuertes, la gente reza, de esta saldremos.
El símil es trágico porque Cabañas se perderá el Mundial. ¿Perderemos el mundo?
