Ya estoy de vuelta, pegando los mensajes del Yogi Tea en mi diario, lejos de los carros viejos.
¿Portland?
Una maravilla de ciudad. Todo queda a diez minutos y es de lo más de barata. He concluido que lo que más cansa de Nueva York son sus precios. Todo tiene un alto precio.
Y eso que vives en Washington Heights.
Pues Portland le gana. Mi novia nunca olvidará cuatro gin-tonics por doce dólares. Bien servidos.
¿La costa?
Maravillosa. La ruta es verde como Colombia (físicamente, porque políticamente es...otro post). Hay ríos y desfiladeros. Por ratos era la ruta hacía la finca de mis abuelos, sólo faltaba la presión de la tierra caliente, la que quita sacos y chaquetas.
Cuando fuimos a Mount Hood las memorias eran más de la sabana de Bogotá. Los paseos al Neusa y Guatavita, pero sin la sección de viñedos. Hay termales.
¿Podrías vivir en Portland?
Habría que ser como Freddy. Pilo con el trabajo, movido con la vida social. Un gran tipo.
